No me gusta el otoño. Es un mentiroso. Primero dice una cosa y luego hace otra. Basta que vaya a las ocho de la mañana con un abrigo que parezco un esquimal, para que a las tres de la tarde me torre al sol... o se ponga a diluviar con mi chaqueta vaquera. Es un estafador.
Y en las calles se respira cierta tristeza y tensión, que revuelve todo a su paso. Huyo, pero siempre me topo con él en el metro, es como un aura gris que lo envuelve todo y que se puede ver, con cierta destreza, en los ojos de los demás.
Estos días, por la mañana, leo a García Márquez (apenas un par de páginas al día, por lo corto del trayecto) y cuando salgo de ese recto que tiene la ciudad me encuentro con los que te estampan el periódico gratuito en la cara, o los que te entregan miles de folletos que la mayoría de las veces, ni te molestas en leer.
Llego al trabajo. Sólo tienes tiempo para respirar y si lo haces demasiado, no te da tiempo a terminar los miles de encargos que tienes para el día. Tengo ganas de salir, de irme. Tengo ganas de pintar, de estar en mi casa, de vivir de lo que me gusta y de lo que no tengo tiempo: crear. Pero crear bien, nada de chorradas. Centrarme y relajarme, ponerme a Dylan y olvidarme por un momento del resto del mundo, encontrarme con mis fantasías. Pero la ilusión dura un par de horas. Lo justo para hacerme la cena y que no se me haga muy tarde para madrugar al día siguiente.
El Otoño es vacío. Tengo ganas de que pase pronto.
martes, octubre 14, 2008
Otoño bipolar
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2 Pintamonas:
Hay tan poco tiempo a lo largo de la semana para esos momentos. Pero no desesperes, esto es pasajero y a las mentes creativas no hay quién las pare. ;-)
Gracias Sivious :)
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