He empezado las clases, la verdad es que por un lado no me apetece ni pizca y por el otro, un poco… pero sólo un poco. A veces deseo que el tiempo pase rápido, quiero dejar de estudiar y encontrar un trabajo decente. Aunque, pensándolo bien, creo que cuando esté trabajando desearé estudiar y me cagaré en la mierda de sueldo que tendré. Y es que la vida pocas veces te da lo que quieres.
Empieza también el mal tiempo. Me acuerdo de cuando era pequeña. Estaba en el colegio y a las seis empezaba a anochecer mientras veía los Power Rangers (ja!), miraba la ventana y veía las luces de las calles y las tiendas encendidas. Recuerdo que pensaba que ya venía el frío, que el sol se iba antes y me entraba una espinita en el corazón… “Otra vez lo mismo” –pensaba- bueno, y pienso, y supongo que con los años se repetirá esa sensación tan vacía de caer en la monotonía y algo de melancolía. Como las hojas. Ellas también caen por que se va el verano…
Los días se acaban antes, el cielo coge ese color rojizo tan pronto… y entonces pienso en lo que me encanta que duren los días. Parece que cunden más. Levantarte con una leve brisa por las mañanas, dar paseos hasta las nueve y sentir que son las cinco…
Echo de menos el verano.
No creo en la depresión postvacacional… creo que el otoño no es bueno para la salud.
K Tunstall. Another place to fall.
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