Otra noche más me encuentro aquí, escribiendo éstas palabras para quién las quiera leer...
Ésta tarde, a eso de las siete ha habido en el Círculo de Bellas Artes, la presentación de tres recopilatorios que ha editado "El Jueves" de tres de los humoristas más grandes españoles: Mingote (ABC), Peridis (EL PAÍS) y Máximo (EL PAÍS).
A la presentación estaban invitados ni más ni menos que el escritor Saramago, que al final no acudió por hallarse en Lisboa, y el ex-presidente del gobierno Felipe González.
Una servidora acudió a tal evento muy expectante. Allí había muchísima prensa; desde "Aquí hay tomate" hasta "Pecado Original" pasando por toda la prensa escrita.
Es curioso. La prensa sólo acude a una presentación de unos tebeos cuando hay alguien famoso por medio. Una verdadera lástima.
En aquella sala espaciosa, en la que ya se presentó en su día los primeros recopilatorios de Forges y Gallego y Rey, estaban sentados los tres dibujantes además de Jose Luis Martín y el ya citado ex-presidente. El humor embriagaba el aire, de echo las carcajadas eran muy seguidas... y allí estaba yo, mirándoles y riéndo, disfrutando de sus palabras. La verdad es que daba gusto oírles porque era como una charla de amigotes delante de un público que les acompañaba constantemente. También hubo momentos serios, en los que Felipe González hablaba de la actualidad y la desgranaba de manera muy interesante. Pocas veces me he quedado embelesada escuchando a alguien y ésta ha sido una de ellas. Se pronunciaba claro y con mucho sentido del humor. Me pareció (aunque muchos no creáis mis palabras, incluso aunque puedan pareceros horrorosas) que tenía cierto magnetismo y que su claridad a la hora de hablar era absoluta. No sé si será buen político o no, pero lo que sé es que es un orador estupendo.
Acabada la charla y después de hablar de temas tan dispares como: la guerra de Irak, la crisis energética e incluso alguna anécdota protocolaria que otra, decidí acercarme y preguntarle al ex-presidente un par de dudas que tenía en mi cabeza.
Obviamente mis nervios estaban a flor de piel (una no tiene muchas veces la ocasión de hablar con un personaje así) pero le eché un par de ovarios y le llamé. Cuando se giró y me presenté, le lancé mis cuestiones. La primera de ellas era que si leía tebeos. Para mi sorpresa, me dijo que sí, que desde hacía tiempo que los leía y que uno de sus hijos se quería dedicar a este difícil oficio. Cuando me respondía noté ese pequeño aficionado que todos llevamos dentro.
Mi siguiente pregunta fue que si no creía que los cómics debían de ser apoyados por las instituciones, al igual que se hace con el cine o el teatro. Su respuesta fue breve pero intensa y dijo algo así: "Si no fuera honesto te diría que sí, pero creo que si la gente no lo solicita (de manera masiva, se entiende) es difícil que haya un apoyo por parte de esas instituciones". Cuando lo decía me aseguraba que él quería que se vieran los tebeos cómo se merecen. Él era un lector de cómics. No me hablaba como un ex-presidente, me hablaba como un fan.
Increíble pero cierto, los presidentes también leen tebeos.
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